| Geta (189-211) | Enlace a Wikipedia |
Publio Septimio Geta, nacido hacia el año 187 de nuestra era, fue un miembro destacado de la dinastía imperial romana fundada por su padre Lucius Septimius Severus. Su relevancia histórica reside no solo en ser emperador durante una breve efímera co-gobernanza con su hermano Caracalla, sino en representar el fin abrupto y sangriento de los últimos años del siglo II d.C.
Bajo la administración directa de Septimio Severo en Italia antes de 210 d.C., Geta ocupó un puesto prominente dentro del gobierno imperial junto a su hermano. Tras el fallecimiento inesperado del padre en las cercanías de Carnuntum, y tras una gestión conjunta difícil marcada por conflictos familiares internos exacerbados por la lealtad militar divergente entre sus legiones en Occidente y Oriente, Geta fue víctima política.
Su muerte violenta ocurrió cuando intentaba consolidar su posición para evitar ser eliminado completamente. Este periodo es vital para los historiadores que estudian el declive de la paz interior romana antes del final del imperio durante las invasiones posteriores. Los eventos ocurridos bajo su corto reinado marcan un punto de inflexión crítico en la estabilidad política romana entre 209 y finales de 211.
Dentro de la acuñación monetaria, la presencia de Publio Septimius Geta refleja una estrategia política de legitimidad conjunta bajo el régimen imperial. Las emisiones del periodo 193 a finales de año muestran retratos con un estilo severiano tradicional y títulos consulares compartidos que resaltan su estatus legal como Augusto en las provincias.
Mucho tiempo después, tras la muerte violenta ordenada por Caracalla al final de noviembre o principios diciembre del año 211 d.C., se ejecutó el decreto imperial conocido como dannatio memoriae. En este proceso, las imágenes acuñadas fueron deliberadamente mutiladas para borrar su nombre y rasgo facial. Los numismatistas especializados buscan estos ejemplares defacados con mucho cuidado para rastrear la historia política de aquel periodo.
Por último, los coleccionistas valoran estos ejemplares por razones complejas que van más allá del simple mercado. La rareza histórica vinculada a la pureza del estado metálico intacto hace cada pieza única.
Cada ejemplar ofrece un testimonio único sobre cómo se gestionaba e interpretaba visualmente a las figuras familiares dentro de un imperio vasto y diverso. Comprender esta historia permite al coleccionista aprehender no solo la estética, sino el poder real detrás del diseño artístico en moneda antigua.